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Foto realizada por Koushalya Karthikeyan en Pexels.com
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Plan language: EspañolLas mejores cosas que hacer en Palawan, Filipinas, comienzan con un recorrido por el río subterráneo de Puerto Princesa, de 8,2 kilómetros de longitud, un río navegable a través de cuevas de piedra caliza. Desde la ciudad se llega a Honda Bay en cuarenta minutos, donde se bucea con esnórquel entre jardines de coral a quince metros de profundidad. Termina el día en Big Lagoon, con sus aguas turquesa cristalinas.
Sube a una banca de madera y rema por un río navegable hasta el interior de la montaña. Dentro te esperan formaciones rocosas de varios metros, una playa de arena y una oscuridad total.
Datos rápidos: Un río subterráneo navegable que serpentea unos 24 kilómetros a través de la piedra caliza, aunque solo 1,2 kilómetros son accesibles en barco. Miles de salanganas, cuyos nidos comestibles se recogen en Asia para la sopa de nido de ave, anidan en lo alto del techo de la cueva.
Destacados: El guía apaga todas las luces a mitad del recorrido, tras lo cual cae la oscuridad y solo oyes el chapoteo de los remos y el clic de las salanganas. Sobre tu cabeza cuelgan cortinas de estalactitas que se formaron gota a gota a lo largo de cientos de miles de años.
Una isla diminuta con acantilados de setenta metros sobre una bahía turquesa. Espera aguas cristalinas, pocetas de marea ocultas y una playa que a veces tendrás toda para ti.
Datos rápidos: En una pequeña isla privada, acantilados de piedra caliza de más de setenta metros de altura se alzan sobre una bahía estrecha de agua turquesa como un espejo. Como mucho unas pocas decenas de villas se reparten por las laderas, y todo el complejo funciona íntegramente con energía solar y recogida de agua de lluvia.
Destacados: Con la marea baja aparece entre los acantilados una laguna oculta a la que solo se llega a pie, con agua que se renueva por completo cada seis horas gracias al océano. Desde el mirador elevado ves las olas romper contra el muro de piedra caliza, mientras la cueva de abajo amplifica el rugido hasta convertirlo en un grave estruendo que sientes hasta en el pecho.
Rema por calles de agua verdes que cambian con cada marea. Cuenta con sal en la piel, sonidos de aves tropicales y canales donde la multitud brilla por su ausencia.
Datos rápidos: Cada marea arrastra agua de mar fresca por esta red de canales, por lo que el nivel del agua puede oscilar hasta tres metros. Con la marea baja quedan al descubierto planicies fangosas donde te esperan estrellas de mar, caracoles y pequeñas rayas.
Destacados: Cuando cae el crepúsculo, miles de luciérnagas pulsan sobre las copas de los mangles, un espectáculo de luces que solo se ve con luna llena. Los guías más veteranos conocen los árboles exactos donde con un suave toque haces aparecer hongos que brillan en verde.
A una hora de natación ves más coral y especies de peces que en algunas travesías enteras de isla en isla. Las tortugas se acercan tanto que casi puedes tocarlas.
Datos rápidos: Unos 150 pesos por persona van directamente a un fondo local de protección del arrecife que vigila este trozo de mar. Tortugas verdes de unos 80 centímetros se dejan ver aquí casi a diario y nadan tranquilas entre los buceadores de esnórquel.
Destacados: Un colectivo de pescadores locales ha declarado este arrecife zona protegida por su cuenta y patrulla a diario con una pequeña embarcación. Bajo el agua, los guías señalan en silencio a los peces loro blancos que mordisquean el coral, mientras una tortuga verde con algas en el caparazón se desliza justo delante de tu máscara.
Aquí entras de lleno en un lago azul de cuento, directo desde la pasarela de madera. A ocho metros de profundidad aún ves cada conchita, tan cristalina es el agua.
Datos rápidos: A unos ocho metros de profundidad todavía ves brillar cada guijarro, tan cristalina es el agua. El fondo blanco de caliza refleja la luz del sol y da al lago un resplandor turquesa casi fluorescente, mientras las altas paredes de piedra caliza mantienen fuera todo el viento y el ruido.
Destacados: Desde la plataforma flotante de madera parece que flotas sobre un estanque de vidrio líquido, el fondo desciende tan abruptamente que la profundidad deja de dar miedo. Los guías locales nunca echan el ancla aquí, mantienen el barco en equilibrio con una cuerda para que ese lecho blanco de caliza, tan nítido como una sábana recién lavada, permanezca intacto.
Rema por una cueva y llega a una laguna de agua turquesa. En una hora verás manglares, aves y silencio.
Datos rápidos: Dos lagunas están conectadas entre sí por un corto túnel submarino, por lo que el agua cambia de color con cada cambio de marea. Los guías recomiendan mar en calma, porque con olas fuertes la estrecha entrada de la cueva puede volverse rápidamente innavegable.
Destacados: La magia está en ese minuto de oscuridad: remando te deslizas por una estrecha abertura de la cueva y sales a un claro en calma donde la luz del sol baila sobre el agua turquesa. Si te quedas en silencio absoluto, solo oyes el chapoteo de tus remos y el canto de los pájaros entre las raíces de los mangles.
Una laguna isleña propia donde saltas al agua desde tu terraza. Haz esnórquel entre miles de peces, camina por el banco de arena con la marea baja y duerme sobre el arrecife.
Datos rápidos: Dos veces al día el agua de mar desaparece de la laguna y queda un charco espejo poco profundo que se cruza con el agua hasta las rodillas. El color del agua cambia con la marea, de un turquesa lechoso a un verde esmeralda oscuro, un espectáculo en vivo desde cualquier tumbona.
Destacados: Elige un lodge en la orilla este del agua, porque allí casi cada mañana aparece un banco de pececillos plateados alrededor de los pilotes bajo tu terraza. Al anochecer aparecen decenas de anguilas entre el coral en cuanto se pone el sol, un espectáculo que sigues de cerca desde el muelle con una linterna.
Tranquilo centro de la vida isleña, donde la fe y el mar se encuentran. Los visitantes escuchan el ritmo sereno de campanas y oraciones mientras la brisa marina entra por las puertas abiertas.
Datos rápidos: Los muros de coral encalados y el oscuro tejado de madera convierten esta casa de Dios en el centro de atención del barrio portuario. Cada año miles de visitantes cruzan sus puertas, desde pescadores hasta navegantes, mientras la campana despierta al vecindario cada mañana a las seis.
Destacados: En una tabla junto al altar mayor cuelgan tres boyas salvavidas erosionadas, rescatadas de un barco varado en los años sesenta. Los marineros siguen pagando esa tradición con una velita, de modo que la capilla siempre huele a una mezcla de cera, hollín y sal marina.
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This flaky coconut pie is Palawan's most famous pasalubong style dessert, stuffed with tender young coconut meat and creamy filling. It is sold at nearly every bakery on the island and tastes best warm and just out of the oven.

This is a sticky rice cake wrapped and boiled in banana leaves until soft and chewy. Locals enjoy it with a dusting of brown sugar or a drizzle of sweet coconut caramel.

Palawan bakers fill these golden pastry discs with sweetened local cashew paste instead of the usual mung bean. The island grows plenty of cashews, giving this snack a distinctly rich and nutty taste.
This is a Palawan version of ceviche, where ultra fresh raw fish is cured in vinegar and calamansi with ginger and chili. It is a beloved fishermen's dish that celebrates the island's daily catch.
Palawan is home to crocodile farms, and local cooks turn the lean meat into this spicy, sizzling dish. The tender crocodile bits are minced with onions and peppers for a flavor that surprises many visitors.
Lato, also called sea grapes, are tiny green seaweed bubbles that pop like caviar in the mouth. Vendors along Palawan's beaches dress them in vinegar, tomato, and onion for a cool and briny sensation.

Fresh from young green coconuts, this sweet clear water is Palawan's everyday thirst quencher. Vendors often sell it straight from the cracked shell right on the beach.

This is a mild, sweet fermented rice wine that Palawan households brew for fiestas and family gatherings. It has a gentle, fruity tang and is often served chilled with sticky rice inside the cup.
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UNESCO site with an underground river, caves and limestone formations
Island hopping to snorkeling spots like Pandan, Santos and Starfish
Quiet beach cove with a long sandbar and calm swimming water
Layered waterfalls with natural pools, popular with locals
Rail service is not available on the island
Most fly into Puerto Princesa (PPS), which is just outside town center. From the airport, a tricycle or van ride to downtown takes under 15 minutes.
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Comentarios (5)
Got 4 days of rain in the wet season and all my boat plans sank. Palm trees and rain not exactly postcard material. Pick your month carefully.
Book the earliest morning ferry between islands. The afternoon runs are choppy, half the boat ends up seasick. Get a window seat near the back.
Skip tour desks at hostels. Carry a fat stack of cash before you leave the city, island ATMs run dry fast. Also negotiate in peso, not dollars.
Ended up staying twice as long as planned. Every beach felt empty and the food was stupid good, especially the kinilaw at random roadside spots.
Amazing scenery, honestly, but everything runs on island time. Tours start late, transfers eat whole days. Go with the flow or you'll get frustrated.